domingo, 11 de diciembre de 2011

LA SOCIEDAD DESESCOLARIZADA DE IVAN ILLICH

LA SOCIEDAD DESESCOLARIZADA
Capitulo 1: ¿Por qué debemos privar de apoyo oficial a la escuela?

La institución escolar es un paradigma del tipo de visión del mundo generada por todas las demás instituciones de la sociedad actual; la familia, los partidos políticos, el ejército, la iglesia, los medios informativos. La institucionalización de los valores es la que, según Illich, conduce a tres dimensiones que forman parte de un proceso más amplio de degradación social y personal; la contaminación física, la polarización social y la impotencia sicológica.
Tal proceso de degradación se verifica y acelera cuando necesidades no materiales se presentan como demandas de bienes, es decir, cuando la salud, la educación y el bienestar sicológico son considerados como resultado de servicios o tratamientos ofrecidos, desde luego, por instituciones.
Por tanto Illich llega a la conclusión de que no es sólo la educación, sino la sociedad en su conjunto la que debe ser desescolarizada, la que debe rebelarse ante la autoridad institucional que define lo que es y lo que no es legítimo o deseable.
La escuela -dice Illich- ha llegado a ser la religión del proletariado actual al hacer promesas  incumplibles a los “pobres de la era tecnológica”. La escuela no libera porque en su afán de educar sujeta a los alumnos a medidas de control social. La escuela divide la realidad en dos terrenos, algunos procesos y medios que son considerados educativos, y otros que no lo son.

Capítulo 2: Fenomenología de la escuela

Illich encuentra que básicamente son cuatro las funciones de los sistemas escolares modernos: custodia, selección, adoctrinamiento y aprendizaje. Estas funciones son desarrolladas dentro de la escuela a la que define como “el proceso que especifica edad se relaciona con maestros y exige asistencia de tiempo completo a un curriculum obligatorio”.

1) Edad: La escuela agrupa a las personas según sus edades; existe la creencia, por ejemplo, de que los “niños” deben estar en la escuela, aprenden en la escuela y sólo se les puede enseñar en la escuela. El concepto le “niñez” aparece con la sociedad industrial; es entonces cuando con preceptores y escuelas privadas se “fabrica” al niño. El sistema escolar y la niñez son fenómenos interrelacionados, lo mismo que la “sabiduría institucional” lanzada al mercado como una mercancía más.

2) Maestros-Alumnos: Por definición, los niños son considerados como alumnos, por lo tanto su aprendizaje depende de un maestro. La escuela a su vez se sustenta en la afirmación de que el aprendizaje es resultado de la enseñanza cuando, en realidad, la mayor parte de lo que sabemos lo hemos aprendido precisamente fuera de la escuela. A pesar de ello en la escuela, el aprendizaje no depende totalmente del maestro, sino de las estrategias para “pasar” exámenes, la capacidad memorística de los alumnos, su relación con los compañeros de clase, etc.

3) Asistencia de tiempo completo: La obligación de asistir a clases sumerge a los niños en una especie de contexto sagrado (“educativo”). De tal modo, se los aparta del contacto con la realidad cotidiana. La escuela reclama tiempo de los estudiantes por un considerable lapso de sus vidas. La “escolarización” constituye un curriculum oculto que inicia a los hombres en la sociedad de consumo.

Capitulo 3: Ritualización del progreso

Illich analiza en este capítulo las principales conexiones entre el consumo escolar y el consumo social.
Al graduado, dice Illich, se le escolariza para cumplir un servicio selectivo entre los poderosos en la sociedad. El alcanzar niveles superiores de educación significa que de alguna manera se ha cumplido satisfactoriamente con las reglas del juego del sistema en las primeras etapas escolares.
Anteriormente no era automática la conversión del conocimiento en riqueza.  Ahora, en cambio, tanto para los estudiantes como para las naciones, el estudio es considerado como una inversión que promete ganancias económicas y un factor clave para su desarrollo.
El autor enlista una serie de mitos producidos por la escolarización social:
  • El mito de los Valores Institucionalizados: Todo proceso produce valor y en consecuencia la producción genera demanda. La escuela enseña que la instrucción produce aprendizaje, al haber escuelas hay demanda de escolaridad.
  • El mito de la Medición de los Valores: La escuela inculca valores institucionales sujetos a cuantificación; de ahí en adelante se concibe que en este mundo todo es mensurable, inclusive el ser humano y su imaginación. Todo aquello que escapa a la medición es puesto en duda.
  • El mito de los Valores Envasados: Los valores que dicta la escuela se presentan con un adecuado embalaje y precio en el mercado del consumo social. Así, la escuela vende “curriculum”, un conjunto de mercancías cuya demanda ha sido previamente asegurada. A los alumnos se les enseña a adaptar sus expectativas a los valores comercializables.
  • El mito del Progreso que se Perpetúa a sí mismo. Illich descubre una lógica similar prevaleciente en los negocios, la guerra y la educación; de la misma manera que “los negocios son los negocios” (acumulación sin límite de dinero), que la guerra es matar (acumulación de cuerpos muertos), y la educación es escolarización, un proceso que tiende a perpetuarse a sí mismo y que se mide en términos de alumnos-hora.
Después de analizar los valores mitificados producto del sistema escolar, Illich establece una similitud entre la Escuela Universal y la Religión Universal.
La escuela es capaz de ser la Iglesia Universal de nuestra cultura dado que ninguna otra institución cumple mejor el papel de ocultar a sus participantes las discrepancias entre los “principios sociales” y la realidad social de nuestro mundo.
La escuela contribuye a crear un nuevo tipo de alienación; enseña la necesidad de ser enseñado por instituciones; esta nueva iglesia mundial es pues, “la industria del conocimiento, proveedora de opio y banco de trabajo durante un número creciente de años de la vida de un individuo”. La desescolarización es por consiguiente fundamental para cualquier movimiento de liberación del hombre.

Capítulo 4: Espectro institucional

Partiendo de que el futuro de nuestra sociedad depende en parte importante de la elección de nuevas instituciones, el autor sitúa dicha elección entre dos alternativas básicas de instituciones tipo, ubicadas en los extremos de un espectro institucional.
A la derecha del mismo sitúa las “instituciones manipulativas” cuyo ejemplo tipo es la escuela. Estas instituciones se caracterizan por ser formadoras de hábitos, es decir, crean adicción social psicológica hacia sus servicios. Además son altamente costosas, selectivas y jerárquicas. Illich también considera instituciones manipuladoras a las que controlan la vida política, la asistencia médica, la comercialización, la administración de personal, etc. Al otro extremo del espectro nos encontramos con las “instituciones conviviales”, tales como las redes telefónica y postal, los parques, etc. Son aquellas cuyas normas se dirigen únicamente al control de abusos en su empleo.
Así, Illich afirma su convicción de que un cambio social radical debe ser necesariamente precedido o al menos iniciarse con un cambio en la conciencia que se tiene de las instituciones, en un rejuvenecimiento del estilo institucional.


Capítulo 5: Compatibilidades irracionales.

El autor hace una crítica a los innovadores educacionales que siguen apoyándose en la creencia de que la conducta adquirida bajo la vigilancia de un pedagogo es altamente valiosa tanto para el alumno como para la sociedad. Se continúa con la idea básica de que la educación es resultado de un proceso institucional dirigido por educadores.
Illich sostiene que una revolución educativa necesita apoyarse en nuevas orientaciones de la investigación, en una comprensión distinta del estilo educacional en vías de una contra-cultura naciente.

Capítulo 6: Tramas de Aprendizaje

Este capítulo se propone demostrar que lo contrario de la escuela es posible; o que podemos partir del aprendizaje automotivado ofreciendo al alumno la oportunidad de establecer vínculos nuevos con el mundo en lugar de canalizar todos los programas envasados por medio del profesor.
Es decir, conseguir “un nuevo estilo de relación educativa entre el hombre y su medio”.
Illich dice que un buen sistema educativo debe tener tres objetivos básicos:
  1. Proporcionar a todos los que lo deseen, el acceso a recursos de aprendizaje, disponibles en el momento que lo necesiten.
  2. Proporcionar la oportunidad de compartir lo que saben a quienes quieran hacerlo, encontrando a quienes quieran aprender de ellos.
  3. Proporcionar la oportunidad de presentar en público los tomas de debate a quienes deseen presentar sus argumentos.
Illich presenta tipos de “tramas educacionales”, partiendo de la pregunta: “¿Con qué tipo de cosas y personas podrán querer ponerse en contacto los que quieren aprender a fin de aprender?
Estas tramas son las siguientes: Servicio de Referencia de Objetos Educativos, Lonjas de Habilidades de Servicio de Búsqueda de Compañero y Servicio de Referencia de Educadores Independientes.
Se concibe que el aprendizaje requiere acceso a información y a la crítica; que la información puede obtenerse de cosas y personas; la crítica puede desarrollarse con compañeros  y educadores. Las cuestiones que requieran de una rutina para aprenderse, tales como las habilidades de todo tipo, pueden ser accesibles mediante las lonjas o listas de habilidades que proporcionen datos sobre los interesados en enseñar la habilidad que poseen.
Así, se plantea como alternativa a los “embudos escolásticos”, redes de comunicación que faciliten nuevas vías de acceso a la educación.


Capítulo 7: “Nacimiento del hombre epimétrico”

Este último capítulo que a manera de epílogo engloba bajo una perspectiva de crítica humanista las objeciones de Illich a la escolarización social, es producto de las conversaciones del autor con Erich Fromm.
El autor se remite a la mitología griega a través de la historia de dos hermanos: Prometeo y Epimeteo. El primero roba el fuego a los dioses y lo trae a la Tierra, enseñando a los hombres a forjar el hierro. Epimeteo, duramente criticado por su hermano y por toda la Grecia clásica, se casa con Pandora, la diosa de la Tierra en la Grecia matriarcal, la que todo lo da, y que dejando escapar todos los males de su ánfora, la cierra antes de que salga la esperanza.
Epimeteo, fue entonces sinónimo de percepción tardía, de lentitud. Prometeo, en cambio, simboliza el “progreso”, la planificación, el desarrollo tecnológico.
El hombre clásico empieza a construir un contexto “civilizado” para vivir, a moldear el medio ambiente a semejanza suya.
El hombre contemporáneo además de intentar que este proceso sea completo, un entorno totalmente sujeto a su hacer planificador, se ha llegado a dar cuenta de que lo que puede hacer sólo a costa de rehacerse él mismo continuamente para adaptarse a su obra.
En términos de Illich: “Debemos enfrentarnos al hecho de que es el hombre mismo lo que está en juego”  
Esta lógica del absurdo que prevalece en la sociedad “civilizada”, es resumida por el autor en los absurdos institucionales. El absurdo institucional es evidente en los organismos militares que sólo pueden “defender la libertad, la civilización y la vida únicamente aniquilándolas”
¿Qué alternativas podemos considerar ante un mundo de institucionalización de valores y procesos planificados?
Según Illich, si deseamos encontrar un nuevo equilibrio de nuestro medio ambiente global necesitamos desinstitucionalizar precisamente los valores que sustenta la sociedad de hoy.

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